Hay veces en que una propuesta cultural se va de las manos. Para bien. Durante tres noches consecutivas, más de mil personas decidieron parar, escuchar y dejarse llevar por una Zamora distinta. “Resonancias de la Urbs Zamoranensis” fue una experiencia sonora que desbordó las expectativas. Literalmente.

¿Qué pasó durante tres noches en Zamora?

Del 10 al 12 de julio de 2025, a las 21:00 h, en una plaza junto a la Catedral —que muchos descubrieron por primera vez— comenzó un viaje en el tiempo que combinó historia, arquitectura y música en directo. Lo llamamos Resonancias de la Urbs Zamoranensis y fue un experimento, una prueba, una propuesta cultural alternativa.

¿El resultado? Más de 1000 personas en total, con solo tres días de promoción en redes, sin entradas, sin escenario ni sillas. Solo el deseo de ofrecer algo distinto. Y el boca a boca. Y las ganas de sentir.

Resonancias de la urbs zamoranensis

¿Cómo nació Resonancias de la Urbs Zamoranensis?

La semilla de Resonancias de la Urbs Zamoranensis surgió de una conexión en redes sociales entre la arquitectura y la música. A partir de ese contacto, comenzamos a imaginar una propuesta conjunta entre mi trabajo de interpretación patrimonial y el saber hacer del grupo Ensemble Semura Sonora.

La imagen del fonendoscopio colocado sobre los muros de la ciudad fue el primer gesto: escuchar las piedras. Percibir lo que ya no se ve. El vídeo promocional sirvió como gancho, pero el objetivo era claro desde el principio: hacer que esos lugares “residuales” o desplazados de Zamora resonaran de nuevo, con historia y con arte. Y que lo hicieran a cielo abierto, sin escenario ni artificio.

El recorrido por Zamora y sus espacios con historia

La experiencia comenzó cada noche a las 21:00 h en un punto poco frecuentado: la plaza Antonio del Águila, al pie de la Catedral. Desde allí, nos desplazábamos a pie a lo largo de un itinerario breve pero cargado de contenido. Después continuamos por la plaza Fray Diego de Deza, el Mirador de San Cipriano y la Plaza de la Leña.

Estos espacios tienen en común su fuerte carga histórica y, al mismo tiempo, su escasa visibilidad en los discursos turísticos dominantes. Durante el recorrido, yo me encargué de explicar las capas que han dado forma a cada lugar: desde las primeras ocupaciones prehistóricas o medievales hasta las demoliciones recientes, pasando por su uso social, simbólico y urbanístico.

Lo que no esperábamos

Lo que ocurrió con Resonancias de la Urbs Zamoranensis fue, sencillamente, desbordante. En total, más de 1000 personas se sumaron a la propuesta a lo largo de tres noches. Sin entradas, sin casi promoción, sin escenario. Solo con el boca a boca, el interés real y el deseo compartido de vivir algo distinto. Hubo quien vino los tres días. Familias enteras. Turistas que buscaban otra forma de ver la ciudad. Y también jóvenes, parejas, curiosos, vecinos del barrio.

Todo el mundo coincidía en lo mismo: hacía falta una propuesta así en Zamora. Algo que conectara historia, emoción y belleza sin caer en lo de siempre.

Este proyecto no habría sido posible sin el apoyo desde el primer momento de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Zamora, que apostó por una propuesta distinta, arraigada en el territorio y comprometida con otra forma de vivir la ciudad. Gracias por confiar en esta idea cuando solo era un boceto.

Si te emocionó Resonancias de la Urbs Zamoranensis, o si te lo perdiste y ahora te has quedado con ganas de más, puedes descubrir otras formas de ver Zamora con sentido a través de mis visitas guiadas de autor. Son experiencias diseñadas para quienes buscan algo más que una explicación rápida.

Y si quieres ser la primera persona en enterarte cuando vuelva Resonancias —o cualquier otra experiencia cultural que te haga mirar tu ciudad con otros ojos—, te invito a suscribirte a mi newsletter.

Zamora sigue sonando. Solo tienes que saber escucharla.

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